El Hombre detrás de “Daisy’s Destruction”

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Peter Gerard Scully nació en 1964 en Melbourne (Australia). Se convirtió en un exitoso empresario. Pero estafó más de $2,680,000 dólares de veinte inversores diferentes. Desde 2009 comenzó a ser investigado por la Comisión de Valores e Inversiones de Australia. Sabía que quedarse en su país natal era un riesgo, así que decidió declararse en bancarrota y escapar. El padre de dos niños se fue de Melbourne tras ser acusado de 117 delitos de fraude. Regresó a Australia en 2011, acompañado por una adolescente de Malasia llamada Ling, quien se creía que era su novia antes de que él la convirtiera en una prostituta, ofreciendo sus servicios a sus amigos y antiguos asociados. Como los problemas continuaban, ese mismo año se trasladó a las Filipinas para escapar de la ley. Allí comenzó su afición por tener sexo con niñas y su gusto por filmar estos encuentros. Filipinas se había convertido en el punto de acceso a la pornografía infantil, para enviarla a través de Internet a países como Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia. Scully se estableció en Malaybalay, Bukidnon.

Scully inició un lucrativo negocio de venta de pornografía infantil, que pronto completó con videos snuff a través de un sistema de streaming. Una chica llamada Carme Ann Álvarez conoció a Scully a la edad de catorce años, mientras trabajaba como prostituta. Fue maltratada y violada, pero Scully terminó por convertirla en su cómplice. Carme recibía una paga por atraer niñas a la casa de Scully. Tras engancharlas en la calle, las llevaba a comer y luego las conducía hasta el hogar del pederasta. A veces, los mismos padres les entregaban a sus hijas, pues ella prometía que les brindaría educación y una buena vida si se las regalaban. También gustaba de participar en los videos, abusando sexualmente de las pequeñas.

En 2012, la familia de una niña de trece años de edad estuvo de acuerdo en que realizara el trabajo doméstico en casa de Scully. Pero en realidad fue obligada a realizar actos sexuales con otras niñas. “Me dijeron que tenían que tomar fotos de mí desnuda, porque había un estadounidense que realmente quería verme así y pagaría una cantidad grande”. Huyó de la casa de Scully después de que le informaron que la habían vendido a un alemán, que iría a recogerla.

Dos niñas, una llamada Daisy y su prima Queenie, de 11 y 10 años de edad, tenían hambre y vagaban en las proximidades de un centro comercial en la ciudad de Cagayan de Oro en Mindanao. Fueron secuestradas y vivieron cinco días de torturas y violaciones. Primero, Álvarez las desnudaba y las bañaba mientras “el americano”, como llamaban a Scully, las grababa. Álvarez las tocaba y acariciaba, las obligaba a hacerle sexo oral y se los hacía a ellas; también las forzó a tener prácticas sexuales entre ellas. Las penetraba con sus dedos. Luego Scully las violaba. También las azotaban y las obligaban a beber alcohol hasta emborracharse. Daisy lloraba y gritaba tanto que Álvarez le cubría la cabeza con una almohada. La niña sentía que se estaba asfixiando. Scully continuaba violándola. “Quería suicidarme. Me quería morir esa noche porque no podía soportarlo más”, diría la niña. Después las obligó a que cavaran dos fosas dentro de la casa; planeaba enterrarlas en ellas. Mientras, tenía sexo duro con ellas y filmaba los encuentros. Queenie temía ser asesinada en una sesión de grabación, ya que estas eran violentas y dolorosas. Una mañana, despertó dentro de la fosa: se había desmayado y la arrojaron allí, pensando en enterrarla. Las dos niñas aprovecharon una salida de sus torturadores y consiguieron escapar.

En otro video, Scully obligó a una niña de 13 años a torturar a un bebé de 18 meses y a un niño de dos años, después de realizar actos sexuales con ambos. También forzó a la pequeña a que cavara su propia tumba, antes de matarla a golpes y enterrar su cuerpo. Una mujer enmascarada que aparece en el video era Liezyl Margallo, una ex amante de Scully y obsesa sexual.

En busca de nuevas víctimas, Liezyl Margallo visito a una mujer llamada Eva Obod en 2012, ofreciéndole adoptar a su sobrina de cinco años, Barbie, cuya madre acababa de morir. Obod diría tiempo después: “Les di a Barbie porque Liezyl me aseguró que la iban a cuidar y a amar como si fuera de ellos y la enviarían a la escuela. Cerca de 2013, perdimos contacto con ella. Su número de teléfono y dirección habían sido cambiados, y ella no llamaba. Sabía que algo estaba mal”. Ni siquiera se imaginaba lo que ocurriría con la niña.

Scully produjo y filmó uno de los videos de maltrato infantil más famosos de la red: Daisy’s Destruction. En el video, protagonizado por Carme Ann Álvarez, Liezyl Margallo y el propio Scully, se documenta la destrucción literal de Barbie, la niña de cinco años, a quien los asesinos rebautizaron como “Daisy” en recuerdo de la chica que escapó, pues consideraban que así el video tendría más éxito. El contenido de esta grabación fue descrito ante la policía y la descripción se filtró a Internet. Al principio, la niña es desnudada en un baño y se le somete a abuso sexual: las dos mujeres, usando antifaces, la acarician, la tocan y la penetran con los dedos. Le hacen sexo oral y la obligan a que se los haga a ellas. Luego comienzan a darle azotes. La cargan de los pies y le meten la cabeza en el inodoro, jalándole a la cadena para ahogarla. La niña se agita con desesperación, llora y grita todo el tiempo. La sacan y le golpean los genitales con un cinturón delgado, le dejan caer cera hirviendo en su sexo, antes de colocarle pinzas para colgar ropa hechas de metal en los pezones, que terminan sangrando. Entre las dos le dan una salvaje golpiza. Después las mujeres la tiran en el piso boca arriba, para orinar y defecar sobre su rostro.

El video prosigue con la llegada de un hombre, quien viola a la niña, primero vaginal y después analmente. El llanto de la niña para entonces es desgarrador. Luego le inserta cubos de hielo en la vagina. Después de darle algunos golpes más, utiliza un alambre de púas; también penetra a la pequeña con él. Con un cuchillo, le corta algunos dedos de la mano y le hace diferentes heridas en el cuerpo. El torturador utiliza un encendedor para quemarla en varias partes, incluido su clítoris. Luego la amarra a un tronco, la rocía con un líquido y le prende fuego. Los alaridos son desgarradores. Luego de un rato, la apagan. Al final, la mujer le dispara. El piso se llena de sangre y la niña queda agonizando sin emitir sonidos, sólo moviendo la cabeza de vez en cuando, hasta que por fin muere. Barbie fue enterrada en la cocina de una casa en Surigao.

La Policía Federal Australiana y la policía holandesa ayudaron a la policía de Filipinas a investigar a Scully, después de que investigadores de los Países Bajos descubrieran sus videos en internet. En septiembre de 2014, los agentes policíacos llegaron a la casa. Scully había huido. En noviembre, la policía llegó a una casa que Scully y Álvarez rentaban; encontraron a dos niñas encadenadas de manos y pies, pero a ellos no los hallaron. Allí también estaban los restos de una niña de diez años, sepultados en un pozo, asesinada durante una de las grabaciones.

El 20 de febrero de 2015, la policía de Filipinas arrestó a Scully como sospechoso de abuso sexual infantil, asesinato y secuestro en contra de once niños. Al momento de su detención no se conocían todas las cosas que había hecho. Fue gracias a la investigación de la agente Janet Francisco, que se logró desintegrar a toda la red de distribución de pornografía infantil. Los videos incautados por la policía registraban todo tipo de abuso sexual infantil, pero sobresalía la grabación que se volvió célebre en la Internet profunda y fue considerada mucho tiempo como una leyenda: Daisy’s Destruction. Scully narró en su declaración, con lujo de detalles, la historia del video.

Scully formaba parte de una organización llamada NLF (“No Limits Fun”, “Diversión Sin Límites”), que filmaba videos de pornografía infantil y cine snuff para comercializarlos a través de la Internet Profunda (“Deep Internet”). “Scully realizaba actos sexuales de acuerdo a las instrucciones y las fantasías de sus clientes”, declararía el director regional de la Oficina Nacional de la Policía de Investigaciones (NBI). A Margallo la detuvieron poco después. Fue capturada en el aeropuerto nacional, camino a Bukidnon desde Palawan para ver a Scully, pues acababa de pasar su Luna de Miel con su esposo, de nacionalidad francesa. Margallo admitió haber llevado a varias niñas a vivir con ella y Scully para torturarlos, violarlos y matarlos. También aceptó su participación en el video Daisy’s Destruction.

Zar Eric Nuqui, jefe de la división de tráfico anti-humano de la NBI, dijo que Scully “atrajo a las niñas en su casa y se ganó su confianza, incluso haciendo falsas promesas de enviarlas a la escuela y darles de comer. Scully se enteró de que lo que estaba haciendo era un negocio lucrativo y tenía clientes por toda Europa. Hay una tortura sistemática de los niños hasta la muerte. Un video de una niña que es obligada a realizarle sexo oral a una mujer mayor que habla en el dialecto visayan, dirigió a la policía holandesa hasta aquí”.

Los clientes pagaban entre $100 y $10,000 dólares por los vídeos, algunos de los cuales fueron descritos como “los más impactantes” vistos por los agentes policíacos de Filipinas. Uno de ellos muestra la tortura y el abuso sexual a un bebé de un año de edad, el cual es violado analmente y luego golpeado hasta matarlo.

Sobre Daisy’s Destruction, el jefe policiaco aseguró: “El video muestra cómo Daisy jadea en busca de aire después de que la mujer pega sus partes más privadas en la cara de la niña, la cual estaba colgada cabeza abajo. El cuerpo frágil y pequeño de Daisy convulsiona cada vez que la azotan con un cinturón fino y dejan caer la cera caliente de una vela derretida en sus partes íntimas. Es el peor vídeo que hemos encontrado en nuestros años de campaña contra la pornografía infantil”.

Carme Álvarez quedó presa en la cárcel de Cagayan de Oro, en el sur del país. En una entrevista con el programa 60 minutos, Scully dijo que “casi nunca” tuvo la necesidad de encontrar niñas para abusar de ellas. Dijo que estaba “arrepentido” y que se hallaba a la espera de su sentencia.

También aseguró: “Aún no puedo sentir remordimiento por lo que he hecho. Las razones de mis actos sólo podría explicarlas un psiquiatra. Aunque no quiero hablar de nada de eso. Hay diferentes grados de remordimiento cuando finalmente te das cuenta de lo que has hecho”. “Él es, en todos los sentidos de la palabra, un depredador”, dijo la reportera Tara Brown, quien lo entrevistó en la cárcel.

“Fuimos dentro de la Casa de los Horrores, directo al corazón de las tinieblas, para entender exactamente por qué era tan importante que fuera detenido”, afirmó. La opinión pública exigía cadena perpetua e inclusive la pena de muerte para él, aunque esta última fue abolida en ese país desde 2006.